domingo, 14 de julio de 2013

LA FIDELIDAD Y LA INFIDELIDAD

La fidelidad y la infidelidad




por Alejandra y Bernardo Stamateas

Génesis 24:67:

“Luego Isaac llevó a Rebeca a la carpa de Sara, su madre, y la tomó por esposa.

Isaac amó a Rebeca, y así se consoló de la muerte de su madre”.

1 Corintios 10:13:

“Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano.

Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar.

Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”.

Alejandra Stamateas
Alejandra Stamateas

Alejandra Stamateas

Hoy analizaremos el tema de las mujeres infieles.

Las estadísticas muestran que en la actualidad las mujeres son tan infieles como los hombres.

Asimismo, se sabe que el 70% de las mujeres casadas piensan en un hombre que no es su marido.

El pasaje de Corintios dice que la tentación:

La tentación por la comida.

La tentación por robar.

La tentación sexual, etc.

Es común al género humano.

Es decir, todos podemos ser tentados.

Pero cuando esta llegue Dios te dará una salida a fin de que puedas resistir.

Nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu vienen equipados con un dispositivo de alta resistencia que nos permite salir de cualquier tentación por la que estemos pasando.

¿Qué busca una mujer cuando es infiel?

La respuesta a esta pregunta también se aplica a los hombres.

Lo primero que tenemos que resaltar es que cada mujer busca algo diferente.

Por ejemplo:

Algunas buscan una experiencia fuerte de vida que las saque de su letargo.

De una vida donde no pasa nada.

Hay muchas mujeres que no tienen un sueño en sus vidas.

Ellas se limitan quizás a trabajar, tener su casa propia y criar a sus hijos.

Cuando eso sucede, estas mujeres no saben hacia dónde va su vida y por ello son más proclives a ser infieles, ya que su pensamiento está todo el día vacío.

El hecho de llevar una vida monótona:

Levantarse, llevar los chicos al colegio, limpiar la casa, retirar a los chicos del colegio, recibir al esposo cuando llega del trabajo.

Sin tener una pasión que oriente su existencia, no hace más que preparar a esa mujer para recibir y aceptar la tentación cuando llegue, esperanzada en que esta la saque de esa rutina agobiante.

Sin embargo, otras mujeres son infieles porque son infelices en su matrimonio y desean que les pase algo mejor.

Esa situación se da especialmente en matrimonios donde hay violencia o indiferencia por parte del cónyuge.

Quizás él es egoísta, no la escucha o no le habla, y entonces esa mujer reflexiona:

“Me merezco algo mejor.

Sé que la vida de pareja puede ser distinta.

Quiero experimentar algo porque no voy a vivir toda mi vida en un estado de infelicidad”.

Otro caso es el de aquellas mujeres que tienen un matrimonio feliz pero no están preparadas para la tentación.

Tal vez todo marche bien y el sentimiento de amor por su compañero sea fuerte, pero no tienen la preparación necesaria para enfrentar a un psicópata que se les cruce por el camino cuyo único objetivo sea tener una más en la lista.

Eva no tenía problemas en el paraíso.

No tenía que hacer las tareas domésticas, no cumplía horarios, no tenía problemas de estima, no sentía celos, pero aún viviendo allí, en el mejor de los mundos, ella no estaba preparada para la tentación.

Esto es lo que ocurre con algunas mujeres que sucumben a los falsos encantos de un psicópata seductor.

Por último tenemos al grupo de mujeres que sucumbieron a la tentación por arriesgarse a jugar con fuego.

Tal vez decían:

“A mí nunca me va a pasar”,

“Soy una mujer decente, eso es para las prostitutas”.

Pero detrás de esa aparente seguridad padecían una necesidad emocional, física o sexual muy grande.

Cuando alguien dice:

“Yo jamás sería infiel”, esa persona está en un gran peligro de cometer infidelidad.

Pese a las diferencias que fuimos estableciendo en cada caso, estas mujeres tienen algo en común:

Todas ellas tomaron la decisión de transgredir una serie de límites que creían inocentes y así llegaron a la infidelidad.

Mentiras que se dicen las mujeres a sí mismas cuando comienzan a transitar una trasgresión.

“A mí nadie me está engañando.

Yo estoy haciendo esto porque me gusta ese hombre y quiero estar con él”.

Esto es falso.

Cuando comenzás un romance a espaldas de tu marido, estás como en las nubes, el otro te parece perfecto, y creés que sos la mujer más hermosa y que nada ni nadie podrá interponerse entre vos y ese hombre.

Sentís que esa felicidad, esa vida apasionada que no tenés en tu casa, la vas a tener con ese otro hombre.

Pero ese paraíso que suponés eterno, solo va a ser momentáneo.

Y es que tenés los ojos vendados, estás desorientada, dormida a la realidad, y lo peor que te puede pasar es tomar decisiones en ese estado.

Por otra parte, si estuvieras tan segura de amar a ese hombre que no es tu esposo, ya hubieras tomado la decisión de jugarte por ese prometedor romance.

Sin embargo, te encontrás en un dilema y decís:

“¿Qué hago?

Quiero quedarme en mi casa porque amo a mi marido, me gusta la familia que formé, pero a la vez me seduce este hombre… su cuerpo, su manera de hablar, de mirarme…”.

Frente a esa situación, lo mejor que podés hacer es no tomar ninguna decisión, esperar y respetarte a vos misma.

El respeto personal significa darte tiempo para decidir y no apurarte.

Cualquier decisión equivocada y apresurada que tomes en ese momento de romance donde todo es espectacular y único, pero donde hay mucha inseguridad y confusión, solo va a atraparte en el dolor.

¡Naciste para ser feliz, no para sufrir!

“Yo solo coqueteo… ¡estoy divirtiéndome un poco!

En definitiva, es algo que puedo manejar”.

El coqueteo tanto en un hombre como en una mujer casada es deshonesto.

Porque al coquetear le hacés creer al otro que estás disponible.

Un guiño de ojos, un mensaje insinuante, tomarle la mano o contarle una intimidad sexual son distintas maneras de coqueteo que hacés para sentirte valorada y corroborar que todavía sos atractiva.

Pero para el hombre que recibe esos gestos tu coqueteo representa un desafío ya que los hombres suelen ser más conquistadores.

El afán de conquista masculina se acentúa aún más cuando las insinuaciones provienen de una mujer casada debido a que esa situación representa lo prohibido, es decir, un trofeo a ganar que una vez obtenido, se deja.

Con frecuencia recibo consultas de mujeres casadas que tienen escasa comunicación con su pareja y se sienten confundidas al hablar con algún hombre que parece despertar por ellas un interés particular.

Por ejemplo, una mujer me contó que en el gimnasio había un hombre que “le tiraba onda”.

“¿Qué hago, Alejandra?”, me preguntó.

¡El hombre seguramente le estaba “tirando onda” a ella y otras cincuenta mujeres más!

No te dejes llevar por comentarios aduladores.

Si un hombre coquetea en el gimnasio con vos, probablemente también lo hace con el resto de las mujeres que están allí.

No seas ciudadana de segunda categoría, ¡Dios te ha llamado a ser primera!

Siempre explico que hay una enorme diferencia entre ser sexy y ser seductora.

La mujer sexy es aquella que se está ofreciendo constantemente como un producto:

“Acá estoy, tómenme”.

La mujer seductora, en cambio, es aquella que tiene metas claras, sabe hacia dónde va y no se ofrece, sino que los demás se ofrecen para estar con ella.

Quiero decirte que tenés capacidad para seducir con tu sueño, tus ideales, tus ganas de hacer cosas y todo lo que hablás en tu vida.

¡Alcanzar el sueño que hay en tu corazón es mucho más importante que ir y lanzarte hacia un hombre!

Las personas se te van a acercar y dirán:

“Quiero ir con vos”.

“Quiero lograr ese sueño con vos”.

“Quiero acompañarte en el camino de la vida”.

Ya no vas a tener que estar ofreciéndote a los demás.

¡Ellos serán quienes se acerquen a tu vida!

“¡Tengo derecho a fantasear!”.

Toda infidelidad empieza siendo una fantasía; es decir, una infidelidad mental.

Cuando formaste un matrimonio hiciste un pacto por el que ambos formaron una unidad.

Cada vez que fantaseás o sos infiel con otra persona esa unidad se quiebra, el pacto de dos se rompe, y se baja el cerco de protección matrimonial.

Cuando este cerco se cae no solo vos sino también tu pareja van a estar expuestos a fantasear y ser infieles con otra persona porque tu matrimonio ya no tiene cerco, ya no está protegido.

Respetar el pacto de dos te cubre y hace que ambos se empiecen a cuidar para que ese cerco de protección no baje.

Es importante que los miembros de una pareja se cuiden mutuamente.

Y hablo de cuidar, no de controlar.

Una persona controladora le dice a su pareja:

“No quiero que vayas allá”, “no te pongas esa ropa”, “no hables con ese hombre”.

Pero alguien que cuida a su pareja muestra un interés genuino por el otro, le pregunta si está bien, si necesita ayuda en algo, propone hablar de lo que es necesario resolver.

¡Somos libres aunque hayamos formado una pareja!

Cuidá tu vida en pareja, cuidá tu pacto matrimonial.

Hablá con tu pareja…

Explicale lo que te pasa.

Decile que no podés hablar con él o con ella porque cada vez que tocás el tema se enoja y que por eso te fuiste a hablar con otro que te dio el espacio para decir lo que te está pasando.

A veces ocurre que de tanto estar juntos, dejamos de reconocer al otro y ya no le podemos decir las cosas buenas que tiene.

Sus virtudes, y solo vemos los defectos.

Tenés que saber que si vos no reconocés a tu pareja, va a venir otra persona y lo va a hacer.

Las parejas que no hablan de emociones tienden a romperse.

Hablá de lo que te pasa con tu pareja.

Varón, no le des a tu esposa simples respuestas, no trates de solucionar todo con un “andá al shopping y comprate algo lindo”.

Las mujeres no queremos soluciones, nosotras queremos compartir lo que sentimos, nuestras experiencias; no importa que el otro tenga una respuesta o no, lo importante es conectarnos mediante la emoción con nuestra pareja.

“Mi pareja me trata mal por eso tengo derecho”.

Muchas mujeres me han dicho:

“Alejandra, mi marido me maltrata, me golpea.

Yo estoy esperando un milagro”.

Está bien, el milagro se va a dar, pero no te tenés que meter entre Dios y ese hombre.

Tu milagro no va a venir porque vos te aguantes los golpes.

Si tu pareja te maltrata o te golpea tenés que poner límites y denunciarlo en la comisaría si es necesario.

Necesitás saber que en ningún caso vas a solucionar el problema buscando otro hombre, porque lo que tenés es un problema de estima.

La solución no está en encontrar a un hombre que te diga que sos bonita, que sos valiosa, que sos inteligente.

El conflicto no está en el amor que le diste a tu pareja sino en lo que aceptaste en nombre del amor.

Si aceptás que el otro te golpee en nombre del amor, el problema no está en el amor sino en tu baja estima que alimenta la creencia de que amar es sufrir.

Recordá que si vos no te tratás bien nadie lo va a hacer.

Con el paso del tiempo las personas cambiamos, tu pareja no es la misma que en la juventud.

Nunca conocemos totalmente al otro, todos los días tenemos que descubrirlo.

Siempre hay algo nuevo:

Un sueño, una manera de distinta de hacer las cosas, un cambio de hábito o en la manera de pensar.

Por eso es importante mantener actualizada la base de datos de tu pareja.

Toda su vida Jacob rechazó a Lea, su primera esposa, porque no la amaba.

Tras muchos años e innumerables intentos por agradarle, incluso dándole hijos, Lea se dio cuenta que tenía que soltar a Jacob.

Finalmente entendió que su fuente no era él sino Dios y decidió hacer algo más con su vida que parir hijos.

Así fue como Lea empezó a adorar y descubrió un mundo espiritual diferente.

Ella maduró, creció, y conoció a Dios de una manera tan profunda que hasta Jacob lo notó.

En su lecho de muerte él pidió ser enterrado con Lea en lugar de Raquel, la mujer que había sido el amor de su vida.

No busques otro hombre u otra mujer, saná tu estima, tu interior y acudí a Dios porque Él te va a hacer ver la vida de un modo diferente.

¡Cuando crezcas vas a ser distinta a los ojos de los demás!

En el caso de Jacob, él se dio cuenta tarde porque Lea ya había muerto, pero vos aún estás a tiempo para reconocer a tu pareja, valorarla y que no se vaya con otro, se divorcie o muera.

Empezá a reconocerla desde ahora porque Dios tiene planes para ustedes como pareja.

Ustedes hicieron un pacto y donde hay pacto, Dios bendice.
Bernardo

Bernardo

Bernardo Stamateas

El noventa por ciento de los casos de infidelidad se dan en primer lugar en el trabajo y en segundo lugar con amigos de la pareja.

Un altísimo porcentaje de las infidelidades salen a la luz.

La infidelidad es traumática y daña a muchas personas.

Un panorama muy distinto al que muestran muchas películas.

A continuación veremos dos principios que te van a bendecir:

Principio 1

Tengo que tener intimidad con mi pareja y establecer límites con los demás.

Shirley Glass, una psicóloga estadounidense experta en problemas de pareja descubrió que la mayor parte de las infidelidades ocurrían porque la pareja no había sabido construir ventanas y paredes.

Las ventanas representan la capacidad de tener intimidad con el otro.

Si las ventanas de los dos miembros de la pareja están abiertas, ellos tiene una comunicación fluida, ambos se cuentan lo que les pasa.

Si el hombre, por ejemplo, cierra su ventana, por más que la mujer le cuente su vida, a él no le va importar.

También puede ocurrir que ambos cierren sus respectivas ventanas.

En este caso, aunque la pareja comparta el mismo techo, no tendrán intimidad.

Esto es lo que ocurre en toda crisis de pareja.

Es posible que uno o ambos miembros de la pareja mantengan las ventanas cerradas entre ellos pero abierta con otros y así compartan su intimidad con un tercero, porque todos necesitamos tener intimidad con alguien.

Por ejemplo, el hombre se esfuerza y trabaja todo el día, y la mujer se siente sola.

El hombre cree que está construyendo su matrimonio hasta que ella se va con otro o él se va con otra.

Para que un matrimonio funcione es fundamental cuidar la intimidad y ser sincero con el otro.

Otro elemento que incluye Glass son las paredes.

Mientras las ventanas representan la intimidad, las paredes simbolizan los límites que ponemos a los demás.

No basta con que la pareja tenga las ventanas abiertas, compartan todo y se amen, además deben aprender a manejar las paredes, los límites.

La pareja debe levantar paredes para que los terceros no vean sus ventanas, su intimidad.

Nunca hagas un chateo erótico.

No fantasees sexualmente con un amigo o una amiga.

No hagas en privado nada que pudiera avergonzarte si se hiciera público o si tu pareja lo supiera.

No hables con otras personas cosas negativas de tu matrimonio o de tu pareja que no compartís con ella.

No se trata de no tener amigos sino de saber poner límites.

Por más que el otro coquetee, chatee o histeriquee, vos podés poner un límite y decir “basta”.

Una pareja sana es aquella que cuida que las ventanas estén siempre abiertas y las paredes bien firmes.

No es cierto que las parejas se separan porque se llevan mal.

En muchos casos la separación se debe a que no tienen intimidad o no saben manejar los límites.

El enemigo siempre querrá borrar los límites para destruir los matrimonios, las familias, pero Dios tiene un pacto con ellas y nos va a bendecir.

Principio 2

Compartir trae amor.

Quiero que identifiques cuál es el modelo que se aplica a tu pareja:

Yo y vos.

Cada uno en su mundo.

Yo y vos.

Compartimos un poquito.

Yo, vos y nosotros.

Nos gusta compartir.

Simbiosis:

“Somos uno porque hacemos todo lo mismo”.

Génesis 24:64 dice que Isaac y Rebeca se casaron primero y se amaron después.

¿No hubiera sido más lógico que primero se amaran y después se casaran?

El Señor nos quiere enseñar que no necesitamos amor para compartir, el compartir trae amor.

Muchas parejas tienen grandes problemas porque funcionan como el primero y el segundo modelo:

No comparten nada juntos o comparten muy poco.

La palabra “compartir” en La Biblia quiere decir “ponerse de acuerdo”, y para eso hay que tener ganas de hacer actividades juntos porque eso es lo que trae amor a la pareja.

Compartir con tu pareja no significa perder tus diferencias e individualidades.

Génesis 2:24 dice:

“Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer para ser uno”.

Isaac se unió y se hizo uno con su esposa Rebeca.

La primera vez que aparece la palabra “uno” en Las Escrituras es en Génesis 1:5.

La versión literal en hebreo dice que “Dios creó la luz y las tinieblas, y fue el día uno”.

La Biblia nos quiere decir que somos distintos como la luz y las tinieblas, como el día y la noche, pero aún así podemos ser un día, podemos ser uno.

No necesitamos ser iguales sino ponernos de acuerdo en que somos distintos pero que también tenemos cosas en común.

Génesis 1:27 dice que Dios creó a un Adam y luego lo dividió en varón y mujer.

Somos dos pero, a su vez somos uno.

Somos distintos, pero compartimos y esto es lo que trae amor.

El Apóstol Pablo dijo que los pecados sexuales traen ataduras en el espíritu por lo que hoy tenés que renunciar y cancelar cada experiencia de engaño sexual.

Cuando una pareja se pone de acuerdo, Dios desciende y los bendice.

Terminan siendo tres, pero el tercero es El Señor.

¡Dale al Señor el lugar que Satanás quiere ocupar!

Juan 17:11 dice:

“Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros”.

Cuando te unís al Señor te hacés uno con Él, y de esta manera Dios interviene en tu pareja.

Una buena pareja es un trío:

Vos, tu pareja y Dios.

Ustedes son el día y la noche, y el Señor los hace un día porque comparten momentos juntos.

Hay una promesa bíblica que dice que cuando compartimos Dios manda bendición y vida eterna.

Esta promesa es la ley del acuerdo y es muy poderosa.

Si estás involucrado en una situación de adulterio, tenés que observar más allá y ver al enemigo.

Satanás es el padre de la mentira y el adulterio se basa justamente en eso.

La mentira siempre trae maldición, pero Dios vino para a darnos vida y vida en abundancia.

Él hizo la familia para que seamos felices y que traigamos la gloria del Señor aquí a la tierra.

Oración:

Te damos gracias, Señor, porque en vos siempre hay una nueva oportunidad, poder y gozo.

Declaro, Padre, que Tu poder se va a derramar para una restauración sobrenatural de las parejas y para que los que no tienen pareja, cuando la formen, esta esté llena de bendición y no de dolor.

Cancelo todo plan del enemigo para destruir las familias y declaro matrimonios ungidos con ventanas abiertas a la intimidad y paredes de límites claros y fuertes a todos los ofrecimientos satánicos.

Declaro, Señor, que mediante el poder del acuerdo toda familia será restaurada maravillosamente, en el nombre de Jesús.

Amén.

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